PLANET TERROR

 

Planet Terror

Director: Robert Rodriguez.

Guión: Robert Rodriguez

Intérpretes: Rose Mc Gowan, Freddie Rodriguez, Josh Brolin, Marley Shelton,

 Jeff Fahey, Michael Biehn, Stacy Fergusson, Nicky Katt

Música: Robert Rodriguez.

Fotografía: Robert Rodriguez

Montaje: Robert Rodriguez y Ethan Maniquis

EEUU. 2007. 113 minutos.

 

        Exploitation

 

        Un espectador debería saber donde se mete. Si conoce la pirueta cinematográfica operada por Robert Rodríguez en esta Planet Terror (y la que rubrica Tarantino en Death Proof) no debería sorprenderse de asistir a una propuesta tan desopilante. Rodríguez nos presenta una historia de experimentos bacteriológicos que engendran zombies mutantes y antropófagos, y que siembran el terror durante una larga noche en un poblado perdido en el mapa tejano. Rodríguez nos presenta una serie Z en toda regla, o más bien un homenaje a los tantos filmes que en décadas pretéritas proliferaron en las periferias del cine de género fantástico, bajo fórmulas argumentales tan bizarras como la trascrita, servidas en cadena de producción (low(est)-budget, of course) primero para amenizar los programas dobles o triples en los ya extintos drive-in o más adelante para glosar los círculos más freakies de fanzines y estanterías de videoclub. Como su inseparable colega Tarantino, Rodríguez lleva tiempo empeñado en hacer gala y bandera precisamente de esa condición freakie, en su caso desde la opera prima que le abrió las puertas a la fama, El Mariachi, y después, ya en compañía, en productos de envoltorios diversos como From dusk till dawn, Sin City o incluso Four Rooms. En esta ocasión, también de la mano del realizador de Kill Bill, se atreve con un triple mortal, y nos presenta una película que pretende reciclar en el espectador actual las emociones (o los bajos instintos servidos) de aquella caterva infame de productos que, al parecer, añoran con nostalgia.

 

       

“Falta un rollo”

 

        Si aceptas el juego puedes pasar un magnífico rato participando de este tributo a la cultura popular de más baja estofa, viendo esta Planet Terror y el trailer de la falsa película que la precede (de título tan inopinable como es Machete¡!). Ya desde el planteamiento visual, que no tiene desperdicio, porque recoge con habilidad las enseñas de aquel cine -encuadres, zooms, filtros de luz, música- , y que se adereza con deliberados efectos que ajan la imagen, la dotan de tonos desvaídos, pérdidas de color, continuas rayas que pretenden aparentar que hay pocas copias y la cinta ha recorrido un circuito ya demasiado largo de proyecciones… en un momento determinado (curiosamente en el clímax más tórrido de la función), la película se quema literalmente y un rótulo pide excusas porque “falta un rollo” (cuando se retoma la función, amén de “perdernos” la escena de sexo, se nos ha escatimado un segmento de la historia, incluyendo la revelación de la condición de “héroe misterioso” del personaje de Wray, ¡que el espectador deberá imaginarse!). En el reparto se incluyen viejas glorias del cine fantástico y de acción (no sólo el no acreditado Bruce Willis; también están ahí Michael Biehn y Jeff Fahey, o Michael Sparks, éste ya asiduo a las tramas de la Q & R factory) que comparten encuadres con los palmitos de dos heroínas ligeritas de ropa (la rubia de ojos saltones Marloy Shelton, y la morena Rose McGowan -actriz por cierto formada en el género slasher-, cuya pierna ortopédica-metralleta se ha convertido rápidamente en un icono pop del mismo paradigma que el ceñido chándal amarillo que Uma Thurman lucía en Kill Bill).

 

       

Un espectáculo hilarante

 

        Desde al propio desarrollo argumental a las citadas constantes visuales afloran múltiples referencias que, en lo que quien suscribe reconoce, podrían situarse en los sótanos de las obras de tipos como John Carpenter, George A. Romero y hasta David Cronenberg, aunque trocando las aptitudes argumentales por tramas salvajes que se ensañan con el más burdo cliché, y filmando y montando sin mayor criterio que el funcional (voluntad de funcional, en este caso). Si aguzamos el análisis cinematográfico, debe decirse que el filme puede disfrutarse desde el que a priori es el más improbable de los prismas: lo hilarante. En ese sentido, su mayor problema es la cierta arritmia que acusa a medio metraje (el pasaje gore del hospital y la subtrama, por llamarlo así, dramática, por llamarlo así, entre Josh Brolin y Marloy Shelton); arritmia porque Rodríguez se pierde un poco en el propio marasmo de catarsis personales que pretende concentrar, y la narración se embota. Vuelve a oxigenarse cuando los personajes se concentran en el Bar B Q que regenta el personaje encarnado por Jeff Fahey, en ese asedio que termina con una huida desesperada, sirviéndose de los estilemas del más puro estilo western apocalíptico (en clave cómica, eso sí), y en el ulterior desenlace de la función en la base militar, culminación de ese juego con la épica epatante y grotesca, servida con generosas dosis de sano artificio. En el epílogo, Rodríguez se reserva un guiño no tan privado al desenlace de la penúltima gamberrada de su amigo, Kill Bill.

 

       

Monkey Business

 

        Dejo para el final un comentario referido a la distribución de la película. Planet Terror no fue planeado como filme unitario a estrenar en cines, sino como uno de los dos largos relatos (el otro es Death Proof, dirigido por Quentin Tarantino), que, junto con diversos sketches de otras películas (imaginarias), tenían que conformar un gran fresco-homenaje al cine exploitation llamado Grindhouse. Sucedió que la obra, de duración superior a tres horas, fracasó en las taquillas americanas, por lo que los distribuidores (los hermanos Weinstein) decidieron modificar la estrategia comercial en Europa y lanzar dos estrenos diferentes. Lo que equivale a decir que se cargaron la obra tal como fue planteada y en su día montada. Supongo que en formato DVD podremos resarcirnos del agravio, pero ello no empece lo execrable de esa práctica comercial. En un atinado comentario, el crítico de cine Antonio José Navarro denunciaba que cuando las coerciones de la libertad creativa en aras a lo espurio provienen de directores con marchamo de auteur refinado (citaba el caso de la lucha contra la censura a la obra del cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul), los foros cinéfilos (también refinados, en el caso citado, la revista Cahiers du Cinema) se vuelcan rápidamente en la defensa a ultranza de esa libertad artística y de pensamiento; en cambio, si se trata de una obra de Tarantino y Rodríguez, directores exponenciales de lo comercial, nadie dice nada. Me adhiero a la denuncia formulada por el crítico de la revista Dirigido por (número de julio-agosto de 2007), y añado otro elemento a la reflexión: ¿por qué no se quejan los propios Tarantino y Rodríguez? ¿tan asimilada tienen la ecuación entre lo artístico y lo mercantil?

http://www.imdb.com/title/tt1077258/

http://www.grindhousemovie.net/

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