EL HOMBRE CON RAYOS X EN LOS OJOS

 

The Man With The X-Ray Eyes / X

Dirección: Roger Corman

Guión: Ray Russell y Robert Dillon

Intérpretes: Ray Milland, Diana Dervlis, Harold J. Stone, John Hoyt, Don Rickles, Vicki Lee, Lorie Summers

Música:  Les Baxter  

Fotografía:  Floyd Crosby

EEUU. 1963. 76 minutos.

Un hito

Desconozco si existe algún tipo de conflicto relacionado con los derechos de autor que explique las razones por las que a fecha de hoy aún no se ha realizado una nueva versión cinematográfica de la película que nos ocupa. Porque la verdad es que las posibilidades de su premisa son del todo infinitas, y además permitirían el encaje natural de las más imaginativas fórmulas visuales filigraneras high-tech tan del gusto del cine mainstream actual (que vendrían a mostrarnos ese punto de vista subjetivo despampanante: la perspectiva desde los ojos que todo lo ven). Entretanto conservamos El hombre con rayos X en los ojos entre lo más interesante de la fracción filmográfica más noble (y que nadie se enfade por la expresión, lo digo con todo respeto) tanto de Roger Corman como de la American International Pictures (AIP), la célebre productora de Samuel Z. Arkoff y James H. Nicholson, e incluso como un hito en el cine fantástico norteamericano de los años sesenta.

Lo que el ojo puede ver

Si hablo de posibilidades interminables en las premisas del relato urdido por el colaborador de Corman Ray Russell es porque parten de una feliz confluencia entre el mito prometeico y los debates en torno a los peligros del cientificismo, lo que si bien revestía especiales razones de oportunidad en aquellos años (pues este segundo lugar común temático había sido muy exitosamente explotado por el cine fantástico de la década anterior), cobija proposiciones universales y que, por tanto, pueden explorarse en cualquier momento sin peligro de perder vigencia, añadiendo además que esa ecuación integra un elemento clásico con uno contemporáneo con habilidad pasmosa. Por si alguien no sabe de qué estamos hablando, se trata del periplo que vivirá el Dr. James Xavier (Ray Milland) cuando empiece a investigar, utilizándose a él mismo como conejillo de indias, las posibilidades de utilización científica de una especie de colirio que multiplica las posibilidades de visión. Aunque ese argumento resultara en parte desperdiciado por una progresión dramática atropellada (de la que resultaría quizá simplista e injusto acusar a Corman y sus estrictas normas de sincreción y efectismo para asegurar el favor del público), sus muchas virtudes en la glosa terrorífica, a veces incluso desde parámetros abstractos, mantienen, aún hoy, todo el interés, especialmente en su malhadada constancia del modo en el que el científico, o más bien debería decir su alma, termina siendo devorado/a por su formidable hallazgo (el guión, cínico y cruel, le termina condenando –antes de (spoiler) a arrancarse literalmente los ojos- a vagar por el submundo de los espectáculos de feria y los curanderos a sueldo de un empresario sin escrúpulos, y después a probar de lucrarse a costa de hacer trampas en los casinos), pero sobre todo en la idea parabólica, que lo atraviesa todo, de que la visión de la realidad en su globalidad y detalle resultaría insoportable para el ser humano.

Envejecer

Si, por otro lado, hablo de la oportunidad de un remake (asumiendo por otro lado que también podría ser un desperdicio) es porque, allende esas tantas opciones de desarrollo argumental a que me refería, y ya centrado en el aparato escenográfico, las imágenes del cine cormaniano en general y esta X en particular envejecen muy mal, y, si en su momento tuvieron la astucia (más de eso que pericia en el sentido puro del término) de hallar fórmulas manieristas que cautivaban al público, poco después resultaron superadas por otras artesanías que, sin tratar de ir muy allá, se sostenían en patrones algo más elaborados de destreza técnica y sobre todo esmero en el montaje. Desde la opción de truculencia de sostener durante más de medio minuto un primerísismo plano de un ojo desgajado para darle un arranque fuerte a la película, Corman nos propone un abordaje visual deliberadamente abrupto, estrategias formales a menudo funcionales pero llamativas en elecciones de los seres y objetos que pueblan los encuadres, y que además de proponer la síntesis, buscan la cualidad del impacto merced de una fotografía de colores hinchados y la inclusión de efectos visuales por lo general bastante torpones (todo lo que atañe a esos flous y líneas multicromáticas que ilustran el punto de vista subjetivo y alterado). Todo ello resulta mucho menos efectivo (siquiera desde lo atmosférico) para el espectador que el indudable interés de esas premisas de origen que sostienen las imágenes y que no viceversa, pues están lejos de hallarse bien defendidas por aquéllas.

http://www.imdb.es/title/tt0057693/

http://www.cinefania.com/movie.php/26049/

http://www.dvdverdict.com/reviews/xrayeyes.php

http://thegreatwhitedope.blogspot.com.es/2011/10/x-man-with-x-ray-eyes-1963.html

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