EL CÓDIGO DA VINCI

The Da Vinci Code

Director: Ron Howard

Guión: Akiva Goldsman, basado en la novela de Dan Brown.

Intérpretes: Tom Hanks, Audrey Tautou, Ian McKellen, Jean Reno, Paul Bettany, Alfred Molina, Jürgen Prochnow.

Música: Hans Zimmer.

Fotografía: Salvatore Totino

Montaje: Daniel P. Hanley y Mike Hill

EEUU. 2006. 140 minutos.

 

El fenómeno Dan Brown

        Si alguien se espera que yo contribuya, ni que sea un ápice, a controversias o disquisiciones con apariencia de elevadas sobre el tenor, responsabilidad o rigor histórico de las (presuntas) teorías de la obra de Dan Brown o del filme que lo adapta, se equivoca de medio a medio. Baste decir que si necesito referentes para entender la Fe o el sentido de la vida para el bien de mi salud mental (y espiritual) no se me ocurrirá buscarlos en un descarado producto de consumo como el que tengo entre manos, un auténtico fenómeno mercantil de pornográficos réditos al respecto del cual sólo debo decir que me entristece de igual modo que muchos otros booms mediáticos impuestos en esta senda hacia la uniformidad a la que en materia de consumo nos vemos cada vez más y más abocados en estos tiempos de globalización, coda de la que (¡ay!) parece que no va a librarse la cultura (aún a riesgo de que, por culpa de esa uniformidad, además basada en productos efectistas de fácil consumo, vaya vaciándose de contenido).

 

        Vendavales narrativos

        Así que no estoy yo por la labor de demonizar en lo apologético la tarea de Brown (ni siquiera en el apartado literario, pues no me he dignado a leer su obra) ni por ensalzarlo en base a supuestas dudas de Fe que me casen con la velada modernidad de sus pseudo-teorías. Acotada mi indiferencia al respecto, me centraré en la película de Ron Howard que lo adapta, en relación a la cual lo primero que debo decir es que probablemente se trate de una adaptación muy literal, por cuanto The DaVinci code narra de forma estrepitosa todos los acontecimientos que se van concatenando y que van abriendo o cerrando puertas (a menudo de la forma más tramposa) en la investigación que se pone en la picota argumental. En el filme no hay tiempo para la presentación de los personajes –y de eso se resiente mucho-, no hay oxígeno entre el peloteo constante de informaciones que se van cruzando entre Langdom y su acompañante, no hay calma entre las incesantes secuencias de acción o de confesiones trascendentes, no hay tregua para el espectador. Ron Howard, que es un buen artesano, sabe que se trata de –y sólo de- concatenar un torbellino de imágenes, y arrastrar al espectador en su vendaval narrativo, no ya para que no piense –y no se dé cuenta de los muchos goles que pretenden colarle contraviniendo las más elementales normas de la congruencia narrativa- sino porque, como he dicho antes, se trata de crear un producto main stream, de consumo fácil. Y no negaré que en esos códigos Howard de buenas muestras de su artesanía, estilizando las imágenes, sirviéndose de una partitura y una fotografía de lo más efectista (y resultona), valiéndose de unos magníficos efectos especiales para conseguir secuencias espectaculares, y efectuando esa especie de turismo cinematográfico de baja estofa al estilo de cualquier película de James Bond, por mucho que en el itinerario de Brown-Howard por Paris y Londres abunden mucho más los castillos y las iglesias que en un filme-tipo del agente 007.

 

        International Treasure

        Ya digo que Howard es un buen realizador, y logra hacer digerible el metraje del filme. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que en el fondo esta The DaVinci code no deja de ser una enésima película de tesoros, uno cae en la cuenta sobre una película muy reciente, pero anterior a ésta, llamada La búsqueda (National Treasure), donde en lugar de Hanks era Cage quien perseguía un secreto bigger than life, y en lugar de los cimientos cristianos eran los masónicos los que se ponían en liza. Aunque aquella película era menos sofisticada que la que nos ocupa, creo sinceramente que era mucho más entretenida que la presente, por cuanto, al menos, tenía la deferencia de no tomarse tan en serio a sí misma.

http://www.imdb.com/title/tt0382625/

 http://www.rollingstone.com/reviews/movie/6658038/review/10345385/the_da_vinci_code

http://www.rottentomatoes.com/m/da_vinci_code/

http://movies.nytimes.com/2006/05/18/movies/18code.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores 

CINDERELLA MAN

 

Cinderella Man

Director: Ron Howard

Guión: Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman

Intérpretes: Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti, Craig Bierko, Paddy Considine, Bruce McGill, Connor .

Música: Thomas Newman

Fotografía: Salvatore Totino

EEUU. 2005. 128 minutos.

 

Superación

 

La que probablemente sea más rutilante película de Ron Howard merece un reconocimiento. Ni que sea sólo por eso. Cierto que no gustará nada a aquellos espectadores que buscan en el despliegue cinematográfico atisbos de realidad o estímulos que provengan de la originalidad. Nada de lo que nos cuenta Howard en su película nos es desconocido: nos ha sido contado anteriormente en múltiples ocasiones, los escenarios de la Depresión nos son familiares desde los tiempos de Ford y Capra, y la puesta en escena de Howard es de raigambre artesanal, muy clásica (no muy alejada a la de su anterior y mucho más deficiente A beautiful mind). Pero a pesar de todo ello, digo que Cinderella Man merece un aplauso porque, precisamente con los lastres anteriormente especificados, contiene grandes dosis de emoción. Consigue dar apariencia de novedoso a lo que ya está muy manido, consigue salvar el hastío y alcanzar altas cotas de palpitación en una típica historia de superación.

 

 

Versión Howard

 

Y sólo hay un modo de conseguirlo, y Howard lo sabe bien, y lo pone en práctica: dirige una película que cuenta con un guión perfectamente estructurado, con un diseño de producción muy conseguido, con un director de fotografía que sabe dotar esos decorados de la luz necesaria, del dosificado y sugerente punteo de la partitura de Thomas Newman, de las magníficas interpretaciones de un elenco actoral del que Russell Crowe y Reneé Zellweger sólo son la punta del iceberg. Y Howard dirige semejante orquesta, y cuida las imágenes panorámicas que su cámara va recogiendo, sin perder nunca esa batuta clásica que decíamos, pero acogiendo soluciones visuales muy inspiradas (cuyo tono al que suscribe le recordaron poderosamente las de Road to Perdition, en el sentido de la sutileza visual con la que se van desentrañando los conflictos en liza): así seguimos las hazañas vitales de James D. Braddock, subimos con él al ring –donde la propuesta del encuadre se vuelve efectista, pero funciona maravillosamente-, y descendemos con él al infierno en secuencias tan sugerentes y bien resueltas como aquélla en la que Jim acude a pedir limosna a la Comisión. Nada de lo planteado en relación a la pobreza y su consustancial humillación, o en relación a los sucios mecanismos de los promotores de boxeo (dos de los temas que aparecen en el filme) pasan de los meros daguerrotipos, y no lo hacen porque ésa es la elección de la narrativa de Howard. Que probablemente el realizador no pase a la historia más allá de a la sombra de tipos como Steven Spielberg o George Lucas, es probable. Pero eso no resta interés a sus buenas películas, como ésta (ni se lo suma a las malas, como, por poner un ejemplo oscarizado, A beautiful mind).

http://www.imdb.com/title/tt0352248/

http://en.wikipedia.org/wiki/James_J._Braddock

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

EL DESAFIO (FROST/NIXON)

 

Frost/Nixon

Director: Ron Howard

Guión: Peter Morgan, basado en su propia obra de teatro.

Intérpretes: Michael Sheen, Frank Langella, Sam Rockwell, Kevin Bacon, Matthew Macfayden, Rebecca Hall, Toby Jones.

Música: Hans Zimmer.

Fotografía: Salvatore Totino

EEUU. 2008. 121 minutos.

 

Opinión pública

 

Director ecléctico donde los haya en lo que se refiere a temáticas y géneros abordados (no me detendré en la larga lista), y en parte por ello acusado algunas –quizá demasiadas- veces de ser un director impersonal, Ron Howard decidió probar fortuna cinematográfica con un material que de entrada merece su filiación al cine político, un relato basado en una de las entrevistas más célebres emitidas por televisión (alcanzó una audiencia cercana al centenar de millones de espectadores), la que David Frost realizó en 1977 a Richard Nixon, la primera que el Presidente concedía tras su dimisión en 1974 por culpa de su vinculación a las escuchas ilegales en el hotel Watergate. En esta pequeña previa explicación se halla el doble gazapo: por un lado, esta Frost/Nixon no merece ser catalogada como una obra perteneciente a ese género (al menos en stricto sensu: nada de político tiene su trama, y su única conexión con lo político la hallaríamos en la participación de Nixon, lo que no es utilizado para impartir mayores lecciones que las ya consabidas sobre el escándalo Watergate, ni para incidir en un retrato del Presidente bajo los parámetros de su actuación pública durante su cargo, como en su día intentó hacr Oliver Stone en su biografía cinematográfica sobre el Presidente, Nixon); y en cambio sí que reviste mucho interés el medio catódico: la descripción de su papel y utilidad en otros tiempos, casi una suerte de descubrimiento por parte de los peones en la trama de lo caprichoso de sus estímulos y de su singular relevancia en la formación de la opinión pública (recordando, desde otro trasfondo, algo que sucedió en 1960, cuando Kennedy ganó a Nixon las elecciones por causa, según muchos, de su victoria en el debate televisivo; circunstancia que en la película se menciona).

 

        

Del teatro al cine

 

Aunque no conozco la obra de Peter Morgan en la que se basa el filme, teniendo en cuenta que el propio Morgan firma el libreto del filme, y que, dato muy relevante, los dos –y excelentes- actores principales realizaron idénticos papeles sobre las tablas, puedo sospechar que Frost/Nixon película varía poco o nada el discurso de su sustrato teatral, y de lo que se trata, a nivel de definición del relato, es de efectuar la consabida labor de trasposición del material a la convención de tiempo y lugares propia del cine (labor que, según creencia más o menos extendida, es la que hace interesante ver una película basada en una obra de teatro, por aquello de “no volver a ver lo mismo”, axioma que tiene mucho de falaz –pues presupone que el público potencial de una obra de teatro es el mismo que el de una película-, y además ha sido refutado en muchas ocasiones por el cine, la última vez, contemporánea a esta, en el caso de Doubt, de John Patrick Shanley). A ese respecto, esta Frost/Nixon tiene poco que decir, pues muchos de los cambios/saltos de escenario resultan innecesarios, por no hablar de esas acotaciones a modo de insertos de falso documental en la que algunos personajes secundarios le hablan a la cámara como si de una glosa a los acontecimientos de la propia película se tratara. En realidad, el meollo narrativo transcurre en dos espacios: la habitación de hotel en el que se preparan las entrevistas, y la mansión donde se celebran esas entrevistas. El resto son extensiones del relato (sobretodo en su presentación) que detallan cuestiones que, sin ser triviales, están resueltas de forma demasiado gráfica: v.gr. lo que tiene que ver con los problemas de financiación a los que se enfrentó David Frost, o la relación sentimental que el presentador/productor inicia con la chica interpretada por Rebecca Hall. Uno nunca puede saber cómo hubiera sido la película si se hubiera recortado de aquí o extendido de allá, pero a mí me dio la impresión de que a Frost/Nixon le costaba bastante centrarse en lo esencial, lo que revierte en una menor intensidad.

 

        

El combate catódico

 

Pero estaba hablando en el plano del argumento, o si quieren del discurso inserto en el mismo. Otra cosa es la labor de Ron Howard, cuya supuesta impersonalidad en este caso se asemeja a la que mostró en obras más o menos recientes que precedieron a ésta, como Cinderella Man, A beautiful mind o, incluso,  The Da Vinci Code, obras de interés muy diverso pero que coinciden en algo: una esforzada labor de puesta en escena y de control del tempo narrativo, labor que convierte su visionado en agradable más allá de lo pobre o incluso nefando que pueda resultar el argumento. Y lo que sucede en este caso es que la historia de Peter Morgan tiene un buen meollo que ofrecer, y Howard no defrauda en su ilustración: así, por ejemplo, la presentación de personajes (y coyunturas de uno y otro) es vibrante por su agilidad, por mucho que esa agilidad se ampare en una mirada más bien irónica que, con el paso del metraje se irá enroscando, de forma abrupta, hacia lo dramático –lo que revierte en esos problemas de indefnición de tono-; alguno de los espacios que antes no he citado como trascendentes, como por ejemplo la villa de Nixon en la costa (la “Casa Pacífica”), sí tienen mucha importancia en la graduación del relato (y, específicamente, en la pretensión de abonar la mirada cínica que de Nixon nos ofrece la película durante casi todo el metraje). Howard deja fluir la narración y deja en las manos expertas de Michael Sheen y Frank Langella la construcción de dos personajes que conocen al dedillo. Y cuando se acerca el desenlace, cuando las entrevistas ya se están grabando, lleva a cabo un más que destacable trabajo de planificación, de estudio del encuadre, de la dirección de actores, y, sobretodo, de montaje, para ofrecer diversos clímax de alto nivel, que lo son a nivel dramático (ese cierto encuentro entre el Presidente a que todos odian y el productor/presentador a quien nadie toma en serio, encuentro fruto precisamente de su tan denodada oposición) pero también, de forma inopinada, a un nivel temático que hasta esos últimos compases permanecía agazapado bajo el convencional desarrollo de los acontecimientos: la temperatura emocional con la que la cámara de televisión retrata a quiene aparecen en ella, y el espejo deformante que ofrece a los televidentes; y de ahí la importancia para un entrevistador o entrevistado de ser consciente de esa distancia entre la realidad y la realidad televisiva para poder cubrirla en propio beneficio.

http://www.imdb.com/title/tt0870111/

http://www.frostnixon.net/

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Nixon_Interviews

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.