EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Rise of the Planet of the Apes

Director: Rupert Wyatt

Guión: Rick Jaffa y Amanda Silver,

inspirados en una novela de Pierre Boulle

Intérpretes: Andy Serkis, James Franco, Freida Pinto, John Lithgow, Brian Cox, Tom Felton, David Oyelowo

Música: Patrick Doyle

Fotografía: Andrew Lesnie

EEUU. 2011. 117 minutos

 

Más de cuarenta años después

No hay duda de que nos hallamos ante la más agradable de las sorpresas que nos ha deparado la cartelera veraniega, al menos entre los filmes procedentes de la industria de Hollywood. Cuando ya estábamos demasiado acostumbrados (o más bien hastiados) de las reformulaciones de viejos títulos y temas y, en este caso particular, aún fresco el recuerdo del patinazo que supuso el remake firmado del clásico de Franklin J. Schaffner (o quizá cabría hablar de nueva adaptación, pues todo parte de una novela, homónima, de Pierre Boulle: Le planète des singes, 1963) por Tim Burton una década atrás (2001), aparece un título, el que nos ocupa, que viene a recordarnos la absoluta licitud artística de esas reformulaciones siempre que –algo realmente caro de encontrar- exista una buena historia que contar al respecto y se disponga del talento para edificarla en lo fílmico. Es el caso de Rise of the Planet of the Apes, a la que los amantes de las etiquetas catalogarán como precuela del filme de Schaffner, y que en todo caso funciona, como sucedía con el título de Burton, de forma totalmente autónoma respecto de la auténtica franquicia en la que derivó el distópico filme de 1968 (tras el formidable éxito de esa Planet of Apes, aparecieron las sucesivas y muy concentradas en el tiempo Regreso al planeta de los simios/Beneath the Planet of the Apes, 1970, Huida del planeta de los simios/Escape from the Planet of the Apes, 1971, La rebelión de los simios/Conquest of the Planet of the Apes, 1972 y La conquista del planeta de los simios/Battle for the Planet of the Apes, 1973).

 

Cubrir un curso evolutivo

Sería una boutade decir que Rise of the Planet of the Apes es una película de serie B, pues su presupuesto se halla sobre los noventa millones de dólares, y es el título-estrella de la Twentieth Century Fox Film Corporation para este verano. No en cambio aseverar que tiene muchos de sus aromas, y precisamente en ellos –estableciendo elegantes pactos con la narrativa a la usanza del y servidumbres al mainstream– halla sus diversas y muy reivindicables virtudes. Rupert Wyatt, un realizador británico desconocido, asume las riendas tras la cámara para edificar en imágenes un libreto de Rick Jaffa y Amanda Silver, poco prolífico tándem de guionistas-productores que llevaban más de una década fuera del negocio del cine (sus más celebrados títulos son The Relic, de Peter Hyams en 1997, y La mano que mece la cuna/The Hand that Rocks the Craddle, de Curtis Hanson en 1992, éste último producido por el primero y escrito en solitario por la segunda). Ante las cámaras hallamos a un buen actor, James Franco, como teórico protagonista; un secundario de quintales que también llevaba tiempo fuera de órbita, John Lithgow; y otro al que celebramos ver a menudo, Brian Cox; un valor femenino en alza, Freida Pinto, sin mayor rol que el de apoyo al personaje principal; y, como principal gancho de ese reparto, la presencia de Andy Serkis en las pieles de César, el simio protagonista de la función, que encarna mediante la técnica del motion capture. Recordemos que Serkis se hizo célebre sirviendo esa misma técnica para encarnar a Gollum en la trilogía de El Señor de los Anillos/The Lord of the Rings rubricada por Peter Jackson entre 2001 y 2003, y que en el posterior título de Jackson, King Kong (2005), encarnó ya a un simio; y todo lo anterior puede servir para llevarnos a la misma esencia narrativa de la película, su primer gran logro, que no es otro que adecuar el punto de vista dramático al de ese simio de nombre sacado del más famoso general romano. En El origen del planeta de los simios, ya desde la secuencia prólogo en la que se nos muestra una caza furtiva de chimpancés perpetrada por una banda organizada, la visión de la humanidad se ve representada por cuatro grupos diversos: la primera, la familia adoptiva del simio, Will y Charles Rodman (Franco y Lithgow), es la única que ostenta valores positivos, y a poco de analizarlo su función narrativa no hace otra cosa que sostener, justificar, primero, la evolución que dentro de su especie encarna César, y, segundo y tema principal de la película, su apoderamiento y rebelión. Las otras tres parcelas humanas están representadas por, 1/ otra familia de padre e hijos (el primero encarnado por Brian Cox) que rigen de forma cruel el refugio para homínidos; 2/ el director ejecutivo de la empresa en la que trabaja Will, Steven Jacobs (David Oyelowo), portavoz de los valores más materialistas y espurios de la iniciativa empresarial y científica en la sociedad contemporánea; y 3/ el vecino de la familia Rodman, Hunsicker (David Hewlett), a quien podemos asignar roles diversos relacionados con la masa social, de la hostilidad y la incomprensión como parte activa a la condición de detonante y víctima en sede pasiva. Y si me he entretenido en glosar la presencia y función de estos personajes o grupos de los mismos es precisamente por considerar que, puesta al desnudo la irreverente y brillante trama del filme, operan todos ellos a modo de complemento y/o contexto de las razones dramáticas atribuidas al simio, a César. Y es que los responsables de la película pensaron con buen criterio que si de lo que se trataba era de narrar el prólogo de esa protohistoria involutiva en la que el planeta está gobernado por simios, no había mejor opción que dar la voz cantante a su precursor no humano. Sin embargo, ese razonamiento lógico de partida debía cubrir un curso evolutivo, así que debió trabajarse a fondo, con destreza e intencionalidad, para conseguir algo tan difícil como la intensidad dramática y la empatía por parte del espectador sin transgredir las reglas esenciales de lo creíble y congruente. La película lo logra con creces.

 

De vértigo

Como antes adelantaba, el filme hace gala de una sobrada audacia para rendir cuenta con las exigencias estéticas del cine-espectáculo actual sin por ello sacrificar un ápice unas riendas argumentales que por un lado trabajan en profundidad un rugoso material dramático (los sentimientos y experiencias de un simio) y por otro se adentran con valentía en el territorio de la representación y la alegoría a muchos niveles, de contexto actual a lo universal. La labor con los efectos especiales y la captura de movimiento resulta fundamental para dotar de credibilidad, al mismo tiempo que poder cinético, a las imágenes, y Rupert Wyatt sabe extraer buenos réditos de la meritoria labor técnica y de CGI, proponiendo en diversos pasajes movimientos de cámara cercanos al efecto roller coaster, pero que en esta ocasión hallan una buena razón de ser al ilustrar los avendavalados y nunca unívocos movimientos de los animales protagonistas (esas escaladas entre el ramaje de los secuoyas) y, más importante, se suelen utilizar en precisión y beneficio de lo dramático (la laberíntica ruta que comunica el patio comunitario de las jaulas en el refugio en el que César es alojado, la ruta desquiciada que termina con la muerte de la madre de César a los pies de la mesa en la que se está discutiendo la financiación del proyecto Alz-112 en la sede de la empresa de biogenética). Wyatt, partiendo de esa coda visual, edifica con suma solvencia el ritmo de una función caracterizada por la sensación de vértigo, el vértigo de un logro (científico) o de su mismo fracaso, el vértigo impreso en la urgencia por el aprendizaje, la supervivencia y, como colofón, el ya mencionado apoderamiento. Como antes decía, el vértigo propio de encapsular en escasas dos horas de metraje nada menos que… un salto en la escala evolutiva y el primer muestreo de sus consecuencias.

 

“No”

Con celosa afición por la celebración del relato fantacientífico, Rise of the Planet of the Apes se sirve de diversos tópoi del género para su beneficio narrativo, principalmente las variaciones sobre lo frankensteiniano adaptadas a la lectura contemporánea, de debate ético sobre las limitaciones de la industria farmacéutica más puntera. El detonante dramático es fruto del contraste entre las dos vertientes del conocimiento, aquélla que propugna la sabiduría y el progreso científico, llamémosle, democrático (el personaje encarnado por Franco busca una cura al Alzheimer que padece su padre), y aquélla otra que, con absoluta carencia de escrúpulos, se dirige hacia la optimización pura del beneficio (las directrices de la empresa de biogenética que marca, desoyendo los consejos del científico, su capitoste, Steven Jacobs); en ese sentido retengo una frase que Jacobs le dedica a Will, y que resume de forma perfecta esa oposición: “tú pasarás a la Historia, y yo ganaré una inimaginable fortuna”. Pero todo lo anterior versa sobre la faceta humana, y no perdamos de vista que César, la criatura, encarna otra faceta, la animal, que no carece de peso en lo dramático, como tampoco en lo figurado. La parábola argumental nos recuerda en primer lugar que los orangutanes, los gorilas y los chimpancés, integrantes del grupo de los grandes simios, forman parte de la familia Hominidae, en la que también se cuenta nuestra propia especie; dicho de otra manera, que nuestro parentesco con los grandes simios no es tan lejano; recurrir a ese comentario sobre la Teoría de la Evolución para proponer esa exposición de principio sobre el Planeta de los Simios es, una vez más, una opción más que lógica, casi de Perogrullo; pero no hubiera alcanzado buen puerto sin la audacia, el desparpajo y la resolución con los que se afronta esa vertiente dramática tan particular, referida a los progresos de pensamiento y acto de César, sus decisiones y el modo en que las lleva a cabo. Es un trayecto, a poco de pensarlo, marcado por dos elementos: uno, la conciencia de pertenencia a un grupo, y dos, la comprensión de que no hay otra forma de reivindicación que la violencia. El significado último de esa auténtica visión épica que nos propone la película en sus últimos compases (más allá del enfrentamiento climático en el puente del Golden Gate, bien resuelto, retengo el poderío de algunas orillas argumentales, como aquélla en la que César emite su primera palabra, “no”. Dejando de lado su condición de guiño a algunas de las cintas pretéritas enumeradas al principio, la importancia dramática de esa primera palabra, una negativa, es bien reveladora de intenciones:) evoca inequívocamente el territorio de la revolución, el alzamiento contra un poder establecido, y según motivaciones nobles. De hecho, nos cuenta la película, si hay que repartir responsabilidades en el devenir de los acontecimientos, sólo existe un personaje a quien no cabe reprochar nada: César, el primer general de un ejército, de un nuevo imperio que se abre camino. Supongo que no hará falta que me entretenga en desentrañar alegorías…

http://www.imdb.com/title/tt1318514/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20110803/REVIEWS/110809988

http://www.cineyletras.es/index.php/Critica-online/qel-origen-del-planeta-de-los-simiosq-rupert-wyatt-2011.html

http://movies.nytimes.com/2011/08/05/movies/rise-of-the-planet-of-the-apes-stars-james-franco-review.html

 http://www.thefilmfellas.com/rise-of-the-planet-of-the-apes-review-by-henry-brown.php 

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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