SINISTER

Sinister

Dirección: Scott Derrickson

Guión: Scott Derrickson y C. Robert Cargill

Intérpretes: Ethan Hawke, Juliet Rylance, Fred Dalton Thompson, James Ransone, Michael Hall D’Addario, Clare Foley, Rob Riley

Música: Christopher Young

Fotografía: Chris Norr

Montaje: Frédéric Thoraval

EEUU. 2012. 110 minutos.

Vinieron de dentro de…

 Hay algunas películas que resultan difíciles de analizar con un poco de detalle sin destripar algunos datos importantes de la trama, porque su puzzle narrativo, su peculiar sentido de la exploración del relato, sus twist, son parte esencial de su naturaleza. Y hay películas (éstas ya específicamente de cine de terror) que remiendan tantas piezas –de ese puzzle citado- de la gran cantera de lugares comunes del género que llegan a menudo a desconcertar al espectador, haciendo difícil desentrañar lo que realmente dan de sí (ni que sea jugando con esos lugares comunes) y lo que, simple y llanamente, se han apropiado para estampar una obra despersonalizada. Sinister forma parte de esas dos categorías. El cineasta que la firma, Scott Derrickson, es recordado por su (más discutible que mediocre) remake de Ultimátum a la tierra (2008), pero su bagaje profesional revela que su territorio predilecto se halla más bien en este otro género, el terrorífico, en el que debutó (firmando también el guión) con Hellraiser: inferno (2000), escribió el libreto de Leyenda urbana 2 (2000), y despuntó con la interesante El exorcismo de Emily Rose (2005) (ello por no hablar de los proyectos que tiene actualmente en cartera, entre ellos la escritura de un remake de Poltergeist o Devil’s Knot). Credenciales suficientes para comprender el gusto por los juegos transitivos y referenciales que, dentro del imaginario terrorífico, pone en danza en el filme que nos ocupa.

 

Las premisas de Sinister, y las piezas que alambican su progresión como relato terrorífico, le resultan familiares incluso a un profano en el género: un escritor, en este caso acompañado de su esposa, se traslada(n) a una casa más o menos alejada de la mundanal urbe, donde en el pasado se cometió un asesinato. No voy a entretenerme y a aburrir al lector efectuando una lista detallada de títulos invocados o invocables, si bien, por los elementos concretos puestos en solfa, las evocaciones más inmediatas se hallan quizá en El Resplandor (Stanley Kubrick, 1981) y diversos otros títulos heredados de las novelas de Stephen King, del mismo modo que los comentarios sobre la participación de niños en los sucesos pueden remitir, de forma evidente o más velada, operando cambios morfológicos trascendentes o no, a títulos más o menos contemporáneos como Al final de la escalera (Peter Medak, 1979), Los otros (Alejandro Amenábar, 2002) o las muy recientes La mujer de negro (James Watkins, 2012) –que nos invita a desentrañar otra referencia literaria, Susan Hill– o La maldición de Rookford (Nick Murphy, 2011). De todas estas obras (e, insisto, muchas más), Derrickson toma prestados elementos. Pero para llevarlos al terreno específico que termina explorando esta Sinister, donde lo fantasmagórico es un tropo que procura falsas pistas, al aparato de referencias clásicas y universales de las ghost stories se le suma otro juego de referencias con incidencia en cuestiones formales, y éste no es otro que el recurso a viejas grabaciones en super 8, lo que actualmente constituye casi un microgénero denominado found footage, cuyas posibilidades el cine fantástico está explorando con profusión (a veces, en demasía). En cualquier caso, de todo ello cabe colegir que Derrickson (y su coguionista, C. Robert Cargill) corren el constante peligro de incurrir en el pastiche, concepto que actualmente se maneja menos porque, como en esta ocasión, los elementos tomados aquí y allá se barajan de modo que se operan vueltas de tuerca que nos transportan al comentario cinéfilo o, en algunos casos, a conceptos posmodernos o metanarrativos. En el siguiente párrafo me referiré a ellos un poco más –con cuidado, tratando cuidadosamente de no empantanarme en referencias concretas a la trama-, pero lo que sí se hace evidente visionando Sinister es que su potencial, que lo tiene, termina diluyéndose un tanto por lo formulaico de demasiados vericuetos argumentales y situacionales, y por la cierta desmesura efectista –ésta es una película de sustos–, datos éstos que indudablemente indican que media hora menos le hubiera sentado espléndidamente al relato en los términos que termina definiendo. Y es una lástima porque la aseveración anterior no empece la constancia de un trabajo por lo general estilizado del cineasta, que asimismo se beneficia de las aportaciones valiosas tanto del actor principal, Ethan Hawke, como del responsable de la partitura musical, Christopher Young, así como del director de fotografía, Chris Norr, ambos profesionales que confieren textura y credibilidad a los arranques atmosféricos.

 

De esa labor escenográfica de Derrickson (y, debería añadir, de su montador) quizá merezcan mención específica las secuencias en las que Ellison Oswalt (Hawke) visiona las películas halladas en el altillo de su casa, para enfrentarse a unas pavorosas verdades que, si empezaron como un juego –un proyecto editorial con el que lucrarse-, terminan a todas luces superándole. En algunos de estos instantes que soportan el crescendo terrorífico del relato empiezan a plantearse cuestiones que, por escapar de la lógica convencional, derriban expectativas y avivan el interés de la función. Una imagen bien ilustrativa podría ser aquélla, en realidad decisiva, en la que el fotograma congelado en su ordenador del boogeyman que parece ser el autor de los crímenes investigados cobra literalmente vida en la pantalla electrónica. También podríamos citar esa interesante conversación entre el escritor y el policía que le ayuda en su investigación, que termina sugiriéndole que puedan ser accesos de paranoia –fruto del cansancio y el exceso de alcohol- la que explique las extrañas visiones del personaje. Todo ello interesa no tanto por introducir en la partitura fantástica el elemento de la subjetividad enferma cuanto por formalizar unos motivos simbólicos a la luz de los cuales cabe interpretar esta Sinister, en su totalidad, como una atractiva digresión sobre los peligros de la imaginación. Podríamos citar al respecto la celebérrima máxima de Nietzsche que dice que “cuando contemplas el abismo, el abismo te devuelve la mirada”, y convenir que cuando el personaje visiona aquellos horribles videos se enfrenta, con nocturnidad y alevosía, a los que podemos terminar definiendo como sus propios fantasmas, cada vez más cercanos, cada vez más presentes, cada vez más fuertes y dispuestos a devorarlo… Terminan siendo otros los mimbres argumentales que deciden el signo de lo terrorífico –llevándolo al territorio de la posesión monstruosa y sofisticada–, pero, volviendo a la tipología de películas que mencionaba al inicio de la reseña, con ellas sucede a menudo que sus apuntes más interesantes terminan desmarcándose de lo más directo, explícito u obvio.

http://www.imdb.com/title/tt1922777/

ttp://www.haveyouseenhim.com/

http://www.28dayslateranalysis.com/2012/10/check-for-rapid-heartrate-with-scott.html

http://www.aintitcool.com/node/58128

tp://www.soundonsight.org/sinister-a-disturbing-spooky-film-with-a-solid-lead-performance/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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