TODOS LOS HOMBRES DEL REY

All the king’s Men

Director: Steven Zaillian.

Guión: Steven Zaillian, basado en la novela de Robert Penn Warren.

Intérpretes: Sean Penn, Jude Law, Kate Winslet, Mark Ruffalo, Anthony Hopkins, James Gandolfini.

Música: James Horner.

Fotografía: Pawel Edelman

EEUU. 2006. 110 minutos.

 

Agravios comparativos

 

Steven Zaillian es –o ha sido- uno de los guionistas más reputados de Hollywood, y cuenta en su currículo con los libretos de obras como Schindler’s List, Hannibal, Gangs of New York o The Interpreter-. Esta adaptación llevada a cabo de la emblemática novela de Robert Penn Warren fue anunciada con bombo y platillo como promesa de obra de culto, y, tras su fugaz estreno, a la par que su descalabro en taquilla, se convirtió en una de las películas más vilipendiadas por la crítica de aquel año 2006. Amén de razones de falta de estrategia comercial (o medios), que siempre deben sopesarse, el análisis estrictamente cinematográfico del infortunio de esta “versión Zaillian” puede tener que ver con el agravio comparativo respecto de la obra maestra de Robert Rossen, o, dicho de otro modo, de las pocas expectativas cubiertas al ponerlo al cotejo de la densidad y riqueza expositiva de aquel referente cinematográfico.

 

 

Pulcritud

 

La crítica ya tiene estas cosas, estos desplantes categóricos. Qué se le va a hacer. A mí me parece que esta All the King’s Men no es una mala película, ni siquiera una obra fallida. Tampoco una opus magna, por supuesto. Humildemente, creo que lo que está fuera de lugar es pretender comparar a un solvente autor de libretos y ocasional realizador –Zaillian se estrenó tras las cámaras con la interesante Searching for Bobby Fisher, y también ha dirigido A Civil Action– con uno de los grandes realizadores (y guionistas) del cine americano (que me aspen si Robert Rossen no lo es). Zaillian opta por efectuar una somera puesta en escena del ascenso político del político (ya puestos, también podemos decir que Sean Penn no es Broderick Crawford, aunque a mí no me disguste su interpretación de Willie Starks) para después concretar muy mucho los términos de su propuesta en el conflicto más familiar que ideológico que incumbe al periodista que encarna Jude Law y su padre (¿putativo?) y amigos de la infancia (encarnados también con solvencia, el primero por Anthony Hopkins, los segundos por Kate Winslet y Mark Ruffalo). Si no conociéramos la intensísima película de Rossen, podríamos hablar de una pulcra escenografía, de unos seductores diálogos, una buena ambientación, un quizá excesivo celo técnico, y la mayor o menor habilidad del Zaillian guionista en su estratagema de desgranar la historia a partir de un par de secuencias en flash-back a las que introduce leves variaciones para encauzar el foco narrativo a uno u otros personajes: en algunos pasajes, la propuesta resulta atractiva, en determinados aspectos –especialmente en el modo de alcanzar el trágico clímax-, no tanto. Y es cierto, aquí hay bien poco de narración política en términos estrictos, ni se efectúa paráfrasis alguna sobre el poder, porque Starks sólo acaba sirviendo de catalizador de los acontecimientos según el punto de vista escogido por el narrador; tampoco se plantean los conflictos de índole moral que atravesaban la completa “versión Rossen”, porque ni el personaje de Jude Law avanza del modo patético que lo hacía su personaje encarnado por John Ireland en la cinta de 1949 ni la película se empeña en demasía a arrojar luz dramática sobre el personaje de Starks. Lo que esta película nos narra, en la de Rossen podía ocupar una media hora de apretado (pero no atropellado) metraje.

 

 

Hija de su tiempo

 

Pero quizá hay una consideración que nos hemos dejado de lado y conviene acotar. 2006 no es 1949, y la versión de Zaillian es una perfecta hija de su tiempo. Prefiere centrarse en personajes de una pieza que se llevan una sorpresa al escarbar en el pasado, antes de llevársela en escarbarse a sí mismos y a su catadura moral. En 1949 la modernidad era un concepto por desangrar, y algunos valientes se atrevían a abrir cajas de truenos utilizando su magno talento. En una obra dramática para el gran público realizada a principios del siglo XXI nadie se atreve con tanta elucidación, como mucho les basta la sofisticación (y Zaillian, por suerte, nos la ahorra). Glosas como las comprimidas en el libreto de Rossen sólo pueden alcanzarse ahora por la vía alegórica, en el cine de género (que alguna gran película nos depara cada temporada, mal que pese a algunos el disfraz mainstream), o bien en alguna de esas gloriosas series televisivas para la HBO que, disponiendo de unos cuantos episodios por temporada, pueden (y a menudo saben) tomarse el tiempo y las molestias.

http://www.imdb.com/title/tt0405676/

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