TODO LO DEMÁS

Anything else

Director: Woody Allen.

Guión: Woody Allen.

Intérpretes: Jason Bigg, Christina Ricci, Woody Allen, Stockard Channing, Jimmy Fallon, Danny De Vito.

Fotografía: Darius Khondji

EEUU. 2003. 105 minutos.

 

El discurso

Sin duda en esta Anything Else Woody Allen recuperó al menos parte del punch que echábamos de menos en sus tres películas previas (Small Time Crooks, The Curse of the Jade Scorpion y Hollywood Ending). No hablo de la estructura de sketches, de la yuxtaposición de momentos y sentencias jocosas. Eso no cambió, Anything else es igualmente una comedia. Pero lejos de aquellas banalidades, es una comedia trágica, y eso es lo que cambió: el discurso. Allen volvió a integrar un (varios) discurso(s) que le otorga(n) plena cohesión al conjunto de situaciones y gadgets que componen su mundo, su  neurosis, su nuevayork, su inquietud existencial, en esa ecuación que, película tras película, año tras año, se revela más irresoluta (aunque quizá la distancia temática recorrida entre cuatro puntos –Crimes & Misdremeanors, Husbands & Wives, Deconstructing Harry y Match Point– y la propia temperatura emocional de esos cuatro puntos nos ofrezca señas valiosas para intuir por donde se perfila el legado del realizador; aunque ese tema daría para mucho, y quizá encontremos mejor ocasión para tratarlo).

 

 Soledad

Durante todo el metraje de esta Anything Else (más largo de lo habitual, por cierto), Jason Biggs asume la posición de alter ego del director, pero el propio Allen se guarda un papel secundario de interesantísimos matices, y que encauza netamente en la interiorización emocional de la posición conservadora y paranoide de la administración norteamericana. Allen rubricará el final de ese personaje, a la sazón consejero sentimental de Biggs, con un punzante (y característico) detalle de cinismo cinematográfico. Y a Biggs, por herencia de las palabras de ese extraño prócer, y por asimilación de los sentimientos y circunstancias con que la vida lo doblega, le quedará una única cosa clara: que caminar entre nubes, y no preguntarse porqué, es la respuesta. Como dice el parafraseo del título en la película, el amor es una locura, y todo lo demás también. En ese sentido, el personaje encarnado por Christina Ricci no tiene nada que ver con Annie Hall, la mirada de Allen es aquí mucho más distante, y no hay ternura hacia aquel personaje. Contrariamente a lo que nos vendieron los anuncios de la película, no es de amor y desamor de lo que habla Anything else. Es de soledad. Y lo hace con la pericia psicológica que ya le conocíamos a Allen, pero que hacía un tiempo que echábamos de menos.

 

Variaciones

Si he citado Annie Hall es porque los términos comparativos sí que son válidos, aunque den de resultas una oposición: en realidad, Allen efectúa algo previamente ensayado en Celebrity, trasladar sus ítems temáticos a una nueva generación. Biggs es, ya lo he dicho, ese alter ego rejuvenecido, y el resto de personajes se sirven con intenciones psicologistas buscando el efecto último de aislar al personaje protagonista. Su compañero Dorvell (Allen), su novia, su agente y su psicoanalista van conformando compartimentos (más bien estancos) que motivan los actos u omisiones del personaje, espoleándole o castrándole. Es por ello interesante ver las argucias de Allen por yuxtaponer secuencias en las que un mismo conflicto se plantea a un personaje y se resuelve en una conversación con otro (caso paradigmático es el del psicoanalista, colectivo contra el que Allen carga las tintas con saña: cada vez que Biggs le pregunta algo, éste no contesta y debe buscar la respuesta en Dorvell o en sus propios soliloquios). En relación con lo anterior, también se retiene el interesante experimento con la split-screen en una secuencia aislada (la pantalla dividida en tres franjas, mostrando la de en medio a su agente que mantiene una conversación con él, y las laterales su piso en Manhattan, donde su novia y la madre de ésta van y vienen confundiendo al protagonista, formando con el agente un auténtico guirigay, lo que Allen deja patente mediante ese recurso. Las cortas secuencias en flash-back que narran el modo en que la pareja protagonista inició su relación nos recuerda poderosamente los mismos instantes de los primeros compases de Annie Hall,  especialmente por su tono que bajo lo jocoso esconde lo entrañable, como certifica el contrapunto de piezas musicales románticas en clave jazzística. El final desolado también encuentra su punto de (des)encuentro con Annie Hall: si allí Alvy era incapaz de vivir en Los Angeles ni un solo día, aquí el protagonista se marcha allí a vivir porque Nueva York ya no tiene nada que ofrecerle. Viniendo de quien viene, y siendo una declaración de principios (pues resuelve el sentido narrativo de toda la película), se abona lo que antes mencionaba: el innegable poso de amargura que sustenta toda la historia, la tragedia tras todas y cada una de las bromas y gags.

http://www.imdb.com/title/tt0313792/

http://www.cineismo.com/criticas/vida-y-todo-lo-demas-la.htm

http://www.laoffoffcritica.com/criticas/cr20031207.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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