MERCADO DE LADRONES

Thieves’ Highway

Dirección: Jules Dassin

Guión: A.I. Bezzerides, según su propia novela

Intérpretes: Richard Conte, Valentina Cortese,  Lee J. Cobb,  Barbara Lawrence, Jack Oakie, Millard Mitchell, Joseph Pevney 

Música:  Alfred Newman y Cyril J. Mockridge 

Fotografía:  Norbert Brodine

EEUU. 1949. 91 minutos.

 

Bezzerides’

Uno de tantos nombres propios llenos de talento y temperamento plasmados en lo fílmico y que hoy resultan bastante olvidados es el de A.I. “Buzz” Bezzerides (1908–2007), autor de tres novelas y diversos guiones asociados con el universo del noir, que cimentó su prestigio con su primera novela, The Long Haul (1938), cuyos derechos la Warner adquirió por 2000 dólares para producir Pasión ciega (They Drive By Night, Raoul Walsh, 194-), y que nos dejaría un magnífico legado como guionista, a menudo adaptando material ajeno, con títulos como La hija del pecado (Desert Fury, Lewis Allen, 1947), La casa en la sombra (On Dangerous Ground, Nicholas Ray, 1952), El rastro de la pantera (Track of the Cat, William Wellman, 1954) o El beso mortal (Kiss Me Deadly, Robert Aldrich, 1955). Fue el propio Bezzerides quien escribió la adaptación de su tercera novela, Thieves’ Market (1949), protagonizada por un hijo de inmigrantes griegos como lo era él mismo, y convertida ese mismo año en el filme que nos ocupa, Thieves’ Highway.  Jules Dassin la filmó muy deprisa, acuciado como ya estaba por la telaraña que la infame caza de brujas del senador MacCarthy estaba entretejiendo, y de cuya funesta influencia sólo pudo librarse huyendo poco después a Londres, donde al año siguiente filmaría la mayúscula La noche y la ciudad (Night & the City).

 

Por un puñado de dólares

Como tantos otros espléndidos directores, Dassin manifestó en diversas ocasiones cierto disgusto por el resultado cinematográfico de su obra, y ésta en concreto. Como ellos, a menudo la autocrítica sólo debe aplicarse a ese ámbito, el privado, porque lo cierto es que Mercado de ladrones es una película espléndida, en la que quizá el único defecto que hoy cabe subrayar, por otra parte compartido con tantas otras películas de su tiempo y lugar de filiación, es que algunos de sus planteamientos son malbaratados en una solución excesivamente gráfica y de un optimismo tan forzado que revela inconsistencias argumentales, como aquí puede ser el papel decisivo que juega la policía para terminar con las fechorías de alguien, Figlia, al que suponíamos que se hallaba al margen de la ley. (Nota bene: a esas imposiciones de finales felices cabe recetar, yo a menudo lo hago, el análisis de la obra sin recurrir al último anclaje –que no anclaje último– de ese happy end.) El filme retrata, con esa fórmula verista que tan bien sabía plantear en imágenes Dassin, las crasas injusticias que eran (¿o son?) el pan de cada día en el funcionamiento del comercio, en este caso en el ámbito de las frutas y verduras, donde los agricultores perciben un precio nimio por unas manzanas de calidad, los transportistas se juegan la suerte para recuperar su inversión, y los intermediarios (ese mayorista-gángster de baja estofa que, al ser encarnado por Lee J. Cobb, nos evoca invariablemente otra película relacionada con la explotación laboral, la posterior y más célebre La ley del silencio/On the Waterfront, de Elia Kazan (1954)) se lucran de forma poco menos que pornográfica a costa de hacer valer esa calidad de partida en el consumidor final. En su radiografía de esa penosa realidad oculta bajo el funcionamiento económico ordinario, resulta fácil sacar a colación los discursos sociales propios de los terribles años de la Depression, pero debe llamarse la atención sobre el hecho de que el relato deja bien clara su ubicación en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, y por tanto cuando aquellos postulados del periodo rooseveltiano ya habían sido transmutados en el aliento ideológico de la nación americana (en el arranque de la película, Nick, el protagonista, regresa a casa tras su larga campaña en la milicia, para descubrir que ciertos valores de esa democracia que defendía al otro lado del mundo no se materializaban en su país, como atestigua la condición parapléjica de su padre, que pagó con sus piernas el precio de intentar hacer negocios en igualdad de condiciones con el ruin y alevoso mayorista Mike Figlia (Cobb)).

 

Conciencias

La naturaleza idiosincrásica de la firma de Dassin, ese verismo expositivo, impone sus reglas desde la premisa de partida, que viene marcada por algo tan subjetivo como un afán de venganza, pero en cambio desgrana sus bazas haciendo especial hincapié en la descripción pormenorizada de los elementos externos y objetivos (la dinámica de la recolecta, transporte y venta de las manzanas en el mercado de abastos), y sus agentes implicados, perfilados de forma que se subrayan las desigualdades entre quienes manejan las asimétricas reglas del mercado (Figlia, su personalidad excepcionalmente matizada por la interpretación de Cobb) y quienes deben doblegarse o ser vencidos por ellas, por razones idealistas (a poco de pensarlo, la forma con la que Nick pretende retribuir lo acaecido con su padre se lee, al menos antes de que los acontecimientos se precipitan, en términos de exclusiva dignidad: pretende vender esta vez al precio que corresponde), o por la mera supervivencia material (ello representado en los dos focos humanos complementarios del protagonista: el camionero Ed (Millard Mitchell), profesional curtido pero honesto que llegará a salvar la vida de Nick cuando éste sufre un percance con su vehículo; y Rica (Valentina Cortese), la paria contratada por Figlia para distraer la atención de Nick y con quien acabará estrechando unos lazos sentimentales en los que –sobre todo teniendo en cuenta el modo (sin duda, poco trabajado) en el que se despacha narrativamente el personaje de la acaudalada prometida de Nick– aflora un sentimiento compartido de conciencia de clase).

 

El filo del noir

En la definición estética de todos estos componentes de corte radiográfico y más o menos naturalista es donde Dassin estampa sus magníficos dotes como cineasta. A través de elementos bien diversos. Por un lado, la magnífica temperatura dramática que extrae del dueto protagonista en las diversas secuencias en las que se relata su intimidad, forjada desde el desangelo (destaco, por supuesto, esos planos cortos en los que los actores comparten y llenan los encuadres, pero también otras soluciones magníficas, como aquélla imagen en la que vemos a Rica contemplar la secuencia en la que Nick habla por teléfono con su prometida desde la máquina de tábaco, que incorpora un espejo que carea las dos orillas de la circunstancialidad). Por el otro lado, el tratamiento de los escenarios (especialmente ese bullicioso mercado de abastos, pero también el campo de recolección de manzanas, y, por supuesto, las imágenes de la carretera, puntuadas por esos planos que nos muestran cómo se acerca Ed a ese destino, San Francisco, que nunca alcanzará), epígrafe bajo el que podemos hacer mención a esas dos llamativas composiciones filmadas en exteriores aprovechando con sapiencia la profundidad de campo para dotar de referencia simbólica a esas manzanas que constituyen los portes del comercio y que se hallan desperdigadas por obra de una mano airada (la del recolector) o de un funesto accidente (el que sufre Ed). Y finalmente, estableciendo un visible puente entre las dos majestuosas películas a las que ésta se intercala en su filmografía (La ciudad desnuda/ The Naked City (1948) y la citada La noche y la ciudad), el arrebatador trabajo con la composición de lo lumínico (firmado por Norbert Brodine) en los exteriores nocturnos, especialmente la terrible secuencia, con la cámara en constante movimiento, en la que Nick es agredido y acto seguido los delincuentes persiguen por entre las sombras a su acompañante, Rica. Si el noir es un estado de ánimo, secuencias como ésta precisan mucho los términos de la valiosa aportación que para el género significó el cine de Dassin, expresiva, y al mismo tiempo plástica plasmación estética de los condicionantes ideológicos sustantivos. Se trata de uno de los más sobresalientes elementos de su legado fílmico, y al mismo tiempo, agria paradoja, de la mayor evidencia por la que fue perseguido.

http://www.imdb.com/title/tt0041958/fullcredits#cast

http://www.noiroftheweek.com/2009/03/thieves-highway-1949.html

http://www.dvdtalk.com/reviews/14343/thieves-highway-criterion-collection/

http://happyotter666.blogspot.com/2010/09/thieves-highway-1949.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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