FORT APACHE

Fort Apache

Director: John Ford.

Guión: Frank S. Nugent, basado en

 la historia de James Warner Bellah

Intérpretes: Henry Fonda, John Wayne, Ward Bond, Shirley Temple, Pedro Armendáriz, George O’Brien, Victor McLaglen.

Música: Richard Hageman.

Fotografía: Archie Scout

Montaje: Jack Murray

EEUU. 1948. 124 minutos.

 

Massacre

        El 25 de junio de 1876 se libró la batalla de Little Big Horn (a las orillas del río del mismo nombre, sito en Montana), en la que los Sioux, encabezados por Toro Sentado, derrotaron al General George A. Custer. Sucedió que Custer no midió bien las fuerzas con las que contaba y contra las que se enfrentaba, pues muchos indios estaban escondidos entre las rocas, y quiso librar él sólo la batalla sin esperar otros refuerzos. Fue una masacre, y dicen que sólo sobrevivió un caballo. En todo caso, se trata de un capítulo recordado por tratarse de la más contundentes de las victorias indias de las guerras en el Oeste. A diferencia de la segunda película de la trilogía de la Caballería, She wore a yellow ribbon (1949), situada en el tiempo poco después de aquella batalla y en la que se cita expresamente la misma y la figura del General Custer, en Fort Apache (1948), los personajes son todos ficticios, ello y a pesar de que el Coronel Thursday (Henry Fonda) guarda un cierto parecido con Custer, y, aún más que eso, en el desenlace de la función desoye los consejos de su Capitán York (John Wayne) y libra un ataque contra los indios (aquí son Apaches) que el propio York vaticina como “un suicidio” y que en efecto se convierte en una masacre muy similar a la de Little Big Horn. Así que, a pesar de modificar personajes y ubicaciones, Ford nos propone con esta Fort Apache una visión particular de lo acontecido en aquel sanguinario capítulo de la historia bélica del Oeste, en la que, como veremos, no escatima una mirada doliente al sinsentido de la violencia y un fuerte contenido crítico en su retrato del beligerante personaje, recordemos que recordado en muchos foros como uno de los héroes de aquellos tiempos y conflictos.

 

La violencia como medio

        Uno de los temas primordiales no sólo del western sino del cine americano de todos los tiempos, y que contiene significativas claves de interpretación ideológica sobre su visión de la propia Historia (pasada, presente y, es de pensar, futura), tiene que ver con la representación de la violencia como tránsito ineludible entre la barbarie y la civilización, esto es considerar que el fin, el ideal de los valores encarnados por la Constitución (o su interpretación política, sea intramuros en términos de imperialismo), justifica los medios, la violencia. Eso, como digo, es uno de los tópoi del western, pero también se afirma en las obras bélicas que tratan la Segunda Guerra de Mundial, como casos obvios, pero informa al cine de género en todas sus manifestaciones, y, por otro lado, se difumina en aquellas obras y corrientes consideradas críticas con el sistema o representantes de cierta contracultura (por citar ejemplos diversos, las películas que trataron la catarsis de la Guerra de Vietnam, la película Easy Rider de Dennis Hopper, o la filmografía de Terrence Malick). A Ford, en este sentido, siempre se le recuerda por el discurso de “imprimir la leyenda” contenido en The Man who shot Liberty Valance (discurso por cierto mucho más complejo que el adoptado por ciertos exegetas que cualifican al director como ideológicamente comprometido con la derecha), aunque se aproximó a este tema en muchas otras obras. Pero si he sacado el tema a colación específicamente aquí es porque en esta Fort Apache el realizador de cepa irlandesa, más allá de participar en esa representación temática, la desmenuza, plantea sobre ella –por la vía del conflicto entre Thursday y York- una rigurosa reflexión, y, aún más, se sirve de la institución castrense para tomar significantes y vestir significados.

 

Antagonismos

        Como he dicho, Thursday (Henry Fonda, tan memorable como siempre que actuó para Ford) es algo parecido a una versión ficticia de Custer, y el relato vuelca sobre el personaje todo el peso de un lado de la balanza: la representación de la rigurosidad en la concepción de la justicia y en la interpretación de los códigos de conducta, la estrechez de miras en la resolución de conflictos, la pose estirada como fachada de un fondo profundamente clasista, la inteligencia y el talento puestos al servicio de ciertos delirios de grandeza. El otro lado de la balanza aparece más repartido, aunque el mayor contrapeso de Thursday lo hallamos en el personaje encarnado por Wayne, el Capitán York, que, por su prudencia, nobleza y sabiduría, se nos antoja claramente como el personaje ideal en el paisaje ético del relato. En Fort Apache, York, apoyado por un oficial que le hace de intérprete (y que, por cierto, procede del extinto ejército confederado), matiene buena relación con el jefe Apache Cochise (uno de cuyos lugartenientes, por cierto, es Gerónimo), se dispensan respeto, y de hecho le invita a repoblar la reserva india que el regimiento vigila (a pesar de aniquilar al regimiento de Caballería, los indios no son los villanos de la función, precisamente ese rol corresponde a un mercader que vive en la reserva –con cargo de funcionario- y que se lucra a costa de traficar con whisky de calidad infame y armas); Thursday, la apariencia resuelta de la moralidad, excluye de sus principios a los indios (pues, según manifiesta, no son más que alimañas) y traiciona ese pacto a las espaldas del propio York, decidiendo atacar a los Apaches que habían acudido al territorio de su jurisdicción para parlamentar. Así queda claro que York halla una vía para la paz, el pacto, y en cambio Thursday quiere obtener notoriedad, una notoriedad que pasa –al menos según cree- por la victoria sobre los Apaches, aunque para ello –y tirando de galones- utilice a todo el regimiento para sus fines, no sólo a York a quien traiciona, sino a toda la tropa, a la que ordena atacar de forma suicida ello y a pesar de las encarecidas advertencias de York al respecto. Así, constante el metraje, y sobretodo en el último compás, la batalla que termina en masacre, el filme traza el antagonismo entre las dos visiones de lo castrense representadas por Thursday y York, que alcanzan un primer momento climático cuando el capitán desafía al Coronel, lanzando un guante frente a él, y aún otro, cuando York, dando muestras de su valor y aplomo, acude a rescatar a su superior herido en combate. En el brillantísimo epílogo de la función, York lanza un discurso enardecedor sobre la honra y hombría que caracteriza a la Caballería (escena resuelta de forma muy bella: Wayne mira por la ventana y en ella se refleja la marcha de los soldados) y, al mismo tiempo, preguntado por periodistas sobre el traspasado Thursday, sólo tiene para él palabras de elogio. En lo castrense importa más mantener la honorabilidad que levantar el velo de una verdad incómoda. Así también se imprime la leyenda.

 

Costumbrismo

        A pesar de que, por todo lo expuesto en lo precedente, Fort Apache es una película caracterizada a menudo por la severidad de su tono, Ford construye un relato en el que, una vez más, resulta preponderante la construcción de un mosaico humano que enardece el espíritu por el sentimiento comunitario que implica. Aquí estamos hablando de la Caballería, por supuesto, pero ello se traduce en un grueso fundamental de secuencias que nos muestran el modo en el que ese grupo de hombres y mujeres construyen su existencia y rutina, la descripción del hogar y el rol femenino (la señora O’Rourke y otra esposa de un alto oficial ayudan a la joven Philadelphia, la hija de Thursday, a acondicionar su dependencia), los rituales de los bailes (tan caros a Ford: aquí hay dos, y Thursday, detalle revelador, interrumpe ambos con sus menesteres particulares), la querencia por el whisky (costumbre de la que es principal inductor el sargento Mulcahy, encarnado por Victor McLaglen, que da rienda suelta a su vena cómica)… A través de la historia de amor entre el teniente O’Rourke (el hijo del sargento mayor, encarnado por el gran Ward Bond, y que le supera en rango) y la joven Philadelphia, a la que el padre de ella no presta el beneplácito, Fort Apache enfila también, y con secuencias corales de gran intensidad –la mayoría de las que acontecen en la morada de los O’Rourke-, la senda del drama costumbrista.

 

Épica y dramatismo

        Una vez más, la labor fotográfica en blanco y negro (obra de Archie Stout) da lugar a un excelso estudio del contraste, que enriquece la ya de por sí formidable belleza plástica de las secuencias rodadas a lo largo y ancho de Monument Valley. Con sus panorámicas y sus contraluces, Ford glorifica aquel lugar inhóspito. Focales largas, lentos movimientos de cámara, siguiendo la ruta de un jinete, bastan para definir la inmensidad. Las angulaciones se caracterizan casi siempre por su profundidad, por el afán del realizador por exprimir la simiente mítica del desierto inexplorado, los agrestes paisajes, las rocas que parecen monumentos. La carga épica se hace presente, una vez más, en las secuencias que muestran la velocidad de carromatos o caballos, o en larga secuencia del combate, en la que Ford planifica, encuadra y monta de modo que el espectador pueda hacerse en todo momento una composición de lugar y de acción, mostrando lo descarnado de la batalla con la labor encomiable de especialistas que caen y hasta son arrollados por caballos, e insertando planos tan poderosos como los contrapicados que muestran el avance de la caballería. Y aunque todas las secuencias de acción son dignas de admiración, me gustaría destacar una, que acontece a mitad de metraje, que parece la repetición del clímax de Stagecoach mostrada desde otro punto de vista, pues en ella vemos cómo una cuadrilla de indios persigue a dos soldados a caballo y un carromato que éstos protegen; la caballería –identificada, siempre, por la fanfarria de la trompeta- llega al rescate, cabalgando en dirección opuesta a la de perseguidores y perseguidos; la cámara nos muestra en semipicado una panorámica del lugar en el que debe producirse la colisión, pero ésta no llega a verse, porque esa parte central del encuadre su cubre con la nube de polvo que una y otra caballadas van dejando a su paso. Una solución exquisita tanto en el fondo como en la forma, y que en realidad sirve de prueba a semejante estrategia narrativa, magnificada por la épica y el dramatismo climáticos, en la secuencia que resuelve la aniquilación definitiva que sufre el último reducto de la caballería a manos de los Apaches. Un ejemplo, nada más, uno como cualquier otro de la sabiduría cinematográfica de John Ford.

http://www.imdb.com/title/tt0040369/

 http://billsmovieemporium.wordpress.com/2009/01/20/review-fort-apache-1948/

http://www.monstersandcritics.com/dvd/reviews/article_1173316.php

http://filmsgraded.com/reviews/2006/05/fortap.htm

http://www.rottentomatoes.com/m/fort_apache/

http://www.friesian.com/apache.htm

http://www.all-reviews.com/videos-4/fort-apache.htm

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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