EL SEDUCTOR

 

The Beguiled

Director: Don Siegel

Guión: John B. Sherry y Grimes Grice,

según la novela de Thomas Cullinam

Intérpretes: Clint Easwood, Geraldine Page, Elizabeth Hartman, Jo Ann Harris, Darleen Carr, Mae Mercer, Pamelyn Ferdin.

Música: Lalo Schifrin

Fotografía: Bruce Surtees.

Montaje: Carl Pingitore   

EEUU. 1971. 109 minutos

 

Inclasificable

Podemos seguir discutiéndolo. ¿Un western? ¿Un drama psicológico? ¿Un relato gótico o hasta grandguignolesco? ¿Una morality play? La carencia de respuestas –se me ocurre una sola: ¿y qué más da?- nos da la medida de lo que en efecto es esta The Beguiled, una obra de todo punto inclasificable, una rara avis cinematográfica que, pasados los años, mantiene intactas las extrañas propiedades de sus excesos, y con ellas su capacidad de sugestión. Un relato muy poco convencional, unos personajes turbios y arrojados a situaciones no menos turbias, a veces aberrantes, que Siegel ilustra balanceándose entre el gusto por lo perverso y una lírica muy peculiar, limítrofe con lo onírico. El realizador de Coogan’s Bluff, con el auspicio de su colaborador y amigo Eastwood, pudo realizar una película que, precisamente por esa condición de inclasificable, se desmarcaba de los parámetros del cine de género en los que el realizador solía moverse. Yo no extraería de ello la conclusión de que se trate de la obra más personal de Siegel, pero sí el hecho de que sin duda se trata de una de sus propuestas más atractivas. Porque se atreve a jugar con fuego y, al menos creo yo, posee la endiablada habilidad de no quemarse.

 

Malsana ambigüedad

La película adapta una novela escrita por Thomas Cullinan, un relato ambientado en los años de la Guerra de Secesión norteamericana, y que narra las abruptas relaciones de convivencia y connivencia que se establecen entre John McBurney (Clint Eastwood), un soldado yanqui herido, y las diversas miembros de una “escuela de señoritas” sureña que lo acogen y auxilian mientras sana sus heridas ello y a pesar de ser un enemigo de su causa, que es la confederada. El relato funde en un espiral de malsana ambigüedad esas relaciones, siempre asimétricas, que se establecen entre, por un lado, McB (como él se llama a sí mismo) y diversas de las chicas o mujeres que viven en el caserón, principalmente la regenta Martha Farnsworth (Geraldine Page), su ayudante Edwina Dabney (Elizabeth Harman), una adolescente casquivana (Carol, encarnada por Jo Ann Harris), y la pequeña Amy (Pamelyn Ferdin), que fue quien le encontró malherido y decidió ayudarle en primera instancia. Esa asimetría relacional, y esa ambigüedad, vienen marcadas por diversos elementos contoneados de forma convulsa de principio a fin del relato: el hecho de que McB sea al mismo tiempo un paciente y un prisionero al cuidado/en manos de Martha y sus niñas; el clima de represión sexual en el que las mujeres viven instaladas, y los réditos que de ello trata de extraer McB, dando alas a la concupiscencia cada vez que tiene ocasión, y con cualquiera de las mujeres (todas las citadas, incluyendo la niña Amy, besan o son besadas por el soldado). Que McB no es trigo limpio lo sabemos por su demasiado afectada cordialidad, y por su facilidad para mentir (los fragmentos en que narra lo que le ha sucedido y las imágenes nos lo desmienten). Que Martha, mujer de carácter donde las haya, tampoco lo es, se subraya con otros insertos (vía recuerdo o evocación turbia de la propia Martha o de la esclava Halley) en los que se desvela un inconfesable secreto de su pasado. Carol, la adolescente ávida de sexo, demuestra a la primera de cambio que no tiene el menor escrúpulo en delatar al que es su juguete sexual si éste no accede a sus propósitos. Incluso Edwina y Amy, sobre el papel las mayores víctimas del relato, tornan su candidez y amor incondicional en ira y violencia cuando se sienten traicionadas.

 

Visceral

Al principio del filme, las imágenes saturadas en tono sepia, la cámara desciende desde unos árboles y escuchamos una melodía susurrada por Eastwood que habla de la muerte como destino. Lo mismo sucede, movimiento de cámara inverso, cuando la película termina. Queda clara la naturaleza fantasmagórica, como de cuento ominoso que ostenta el relato. Sus atractivas premisas nos sitúan en un entorno enajenado (la Guerra, casi un personaje siempre presente extramuros del caserón) para informar las reacciones enajenadas de los personajes. No nos hablan tanto de su condición de víctimas como de su condición de seres arrojados contra el abismo, representación, por la vía del singular microcosmos y el elemento sexual, de la violencia y la sinrazón. Y si las imágenes del filme hacen tan explícita esa representación es merced de las exacerbadas estrategias narrativas y visuales que Siegel pone en la picota, y que marcan la ruptura de estilo de que hablábamos. Largos desplazamientos de cámara por las dependencias de la mansión que habilitan el suspense, picados vertiginosos, planos subjetivos, movimientos abruptos y el uso del montaje corto para dar carta de naturaleza repulsiva a la violencia, a las secuencias oníricas o a las evocaciones; la encomiable labor fotográfica de Bruce Surtees (que después colaboraría con Eastwood en algunas de sus primeras grandes obras, caso de Honkytonk Man o Pale Rider), que azuza en sus penumbras el poso más lóbrego del relato; los experimentos con el sonido o las estridencias de la partitura de Lalo Schifrin… Siegel nos propone un ejercicio tan manierista como arriesgado (que refuta, ya desde los parámetros más superficiales, la bastante extendida premisa de que Siegel “sólo” era un artesano), que pretende y logra llevar al extremo más visceral toda esa carga de crispación y malsano fervor sexual que define el relato.

 

Civil War

Eastwood tomó buena nota de muchos de los ítems y sugerencias narrativas de la película para proyectarlas en su opera prima, rodada poco después, Play misty for me. Principalmente, el hecho de asumir, bastante a la contra (entonces, y ahora también), que es muy difusa la línea que separa al galán o seductor del mero objeto sexual (asumiendo, por tanto, un rol que tradicionalmente encarnan las mujeres). En Play misty… el personaje encarnado por el propio realizador sufría las iras de una amante despechada, pero no iba tan lejos en su propuesta como lo hace esta The Beguiled, donde es el propio McB quien con su comportamiento deshonesto aviva esas iras que después revertirán en su contra. Eastwood no llegó tan lejos como Siegel, no llegó a hablarnos de la distancia tan leve que existe entre el amor y el odio, de la multiforme apariencia de la humillación, de la substancia más oscura que el deseo guarda tras de sí. De la castración y la muerte. De las máculas morales que ocasiona la guerra.

http://www.imdb.com/title/tt0066819/

http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2008/01/beguiled-una-oscura-historia-de-amor.html

http://www.rottentomatoes.com/m/beguiled/

http://hopelies.com/2009/04/15/the-beguiled-1971/

http://uashome.alaska.edu/~dfgriffin/website/beguiled.html

http://movies.nytimes.com/movie/review?res=9402E6DD163EEF34BC4953DFB266838A669EDE

http://www.muchocine.net/criticas/8286/El-seductor

http://www.blogdecine.com/cine-clasico/clint-eastwood-el-seductor

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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2 pensamientos en “EL SEDUCTOR

  1. Quería aprovechar la ocasión para felicitarte por tu blog, que me parece estupendo, tanto por la variedad de títulos que escoges (actuales y antiguos, clásicos y obras menos conocidas), como por tus análisis agudos y alejados muchas veces de las opiniones predominantes. Enhorabuena.

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